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La Torre de Abrantes

Por el profesor Julián Álvarez Villar

La vieja mansión de Abrantes corresponde al momento en que la evolución social de la nobleza se encamina hacia un papel político, lejano al impulso anterior hacia luchas y rivalidades que precisaban de casas torreadas como debió ser ésta.

De la antigua mansión queda, tras la visible torre, el patio y algunas dependencias por la calle de Jesús con techumbres de madera, que aunque sencillas, testimonian la antiguedad de la construcción, ayudando a documentar, a través de los escudos pintados en las entrevigas, los propietarios primeros del edificio. Los mismos figuran labrados en la bellísima ventana de la primera planta por la citada calle del Jesús, lo que permite suponer otra, cuando menos igual, si no mejor, sobre la puerta de entrada en la calle de San Pablo. En las de su estilo es sin duda la mejor de Salamanca, ya que las de la Casa de las Conchas por sus características palaciegas están influidas por corrientes alejadas de lo local e incluso nacional.

La puerta semicircular de grandes dovelones es de finales del siglo XV, como la ventana antes citada, y corresponde al mejor momento del gótico civil salmantino. Recordemos las del palacio de Montellano o las de las casas de doña María la Brava, Santa Teresa, de los Manzano, Gómez de Paradinas, de la Tierra o la de la Universidad, tras la fachada plateresca que da acceso al zaguán Gótico con originales bóvedas ricamente decoradas.

No es posible suponer que tras la adustez exterior, nos recibirá bajo la torre un gran arco de acceso al patio. También a la izquierda otro decorado con bolas características de fines del XV, comunica con dependencias al sur de la torre.

En el patio, aunque rehecho por el mal estado de la madera respetando fielmente la existente, encontramos uno más entre los característicos patios salmantinos del momento. Tres lados solamente, puesto que por razones climáticas se suprimía el que miraba al norte. Está formado por galerías cerradas de madera con ventanas, como el de la Casa de la Tierra, de la de Santa Teresa o tantos del barrio histórico de la antigua ciudad cercanos a las catedrales. Algunos conopios en los dinteles de las ventanas del lado cerrado confirman el goticismo, completado con detalles de los apoyos en que descansan las galerías especialmente en los capiteles poligonales.

Llama la atención al exterior de la primera planta por la calle del Jesús, una bella ventana gótica con su mainelillo intermedio de limpias jambas, alféizar gótico, y bajo él la inevitable saetera-tronera. Pero nada como el dintel superior al que aquí 1laman popularmente "toza", ricamente decorado con las tradicionales hojas de cardo, carnosas y vivas talladas con el realismo que los canteros salamantinos saben hacer en la piedra de Villamayor. Allí campean dos pequeños escudos, uno con tres bandas y jaquelado el otro con bordura de ocho aspas. Ambos pueden verse labrados en la vecina mansión de Orellana con gran ostentación en lo alto el de las bandas de Anaya y menos los de Anaya (armiños), y Bazán a ambos lados del frontón curvo que remata el balcón situado sobre la puerta. Dada la casi colindancia es lógico vincular ambos edificios con los mismos apellidos, habiéndose construido con una diferencia de menos de cien años.

El examen de árboles genealógicos y relaciones de parentesco en Memoriales aclaraba poco, cuando la dificultad para entroncar ambos apellidos quedó superada en el mencionado cambio de impresiones con el Profesor Cooper que me facilitó un árbol genealógico en el que el apellido Bazán se incorpora a los Anaya en época anterior y casi coincidente con la construcción de esta llamada Torre de Abrantes.

No hace muchos años, una fotografía de 1883, reproducida en un diario local mostraba la torre con tejado a dos aguas paralelas a la calle de San Pablo con la ventana superior iniciado su arranque, como la conocimos hasta 1976. La citada fotografía no tenía el mirador de hierro felizmente suprimido sino un balcón de hierro sencillo, con cerco de piedra demasiado claro, como acusando la supresión de la ventana gótica similar a la que vemos en la fachada lateral. Posiblemente la torre fuera desmochada como tantas otras por disposición real, aunque quizá no deba descartarse la interrupción de la obra a fin de que no resultara "torre alta".

En 1976 se completó la planta superior como hoy la vemos, como resultado de una polémica solución moderna de cristal, hormigón vista en la cornisa y carpintería de aluminio anodizado, que por no haber sido aceptada en 1974, fue sustituida por la actual.

Una nueva actuación en la torre se ha producido recientemente retirando acertadamente el mirador de la primera planta de la cal1e San Pablo y restableciendo en su lugar el hueco siguiendo la pauta del de la planta superior, aunque quizá no se acertó con las proporciones, que aparecen claras en la de encima, cuyo alféizar y primeras hiladas de las jambas son originales, y en algún detalle poco importante de la saetera.

De este modo, recuperó su aire dominante, aunque limitado por su vecina que no coopera al lucimiento de la reforma tanto por su altura como por la belleza de su trazado renacentista y claramente palaciego. Es posible suponer de la bellísima ventana con columnilla de la calle de Jesús fuera compañera de otra igual o mejor sobre la puerta principal.

Aludimos anteriormente al patio y sus características; toca ahora hablar de las dependencias interiores situadas en la parte frontera de él según se entra, especialmente la de la izquierda, cubierta con techumbre plana de vigas de madera con decoración y la más interesante, doce escudos pintados en las covijas del entrevigado correspondientes a Bazán y las dos versiones de Anaya. En las vigas que aún conservan la pintura hay decoración de zigzag amarillos perfilados de negro entrecruzados, sobre fondo rojo, mientras las tablas entre vigas y largueros, algunas conservaban entrelazos de iguales colores. Ambos escudos, Anaya en sus dos versiones y Bazán, los hallamos en el palacio de Orellana como hemos dicho, lo cual sugiere con bastante lógica que los de Anaya de bandas y Bazán en la ventana de la calle del Jesús de esta torre alternarían con el de Anaya de armiños y Bazán en la desaparecida ventana de la calle de San Pablo. Así se ve frecuentemente en la ornamentación heráldica de casas señoriales cuando el artista tiene que combinar tres blasones en cuatro espacios, lo que coincide en parte con el sistema del cuartelado. Quizá sorprenda la cita del apellido Bazán en Salamanca, pero está documentada esta alianza familiar en la época en que se construyó la mansión que comentamos, confirmada por el profesor Cooper, buen conocedor de los entronques familiares de gran parte de la nobleza castellana de este tiempo, disipando así mis dudas de atribución de un escudo sin esmaltes, hasta que la presencia de ellos en los blasones de la techumbre pintada, los han confirmado.

Se salva así tras estas obras de restauración, un importante edificio salmantino, siendo una vez más la Universidad la que pondrá en servicio de la ciudad y de la cultura algo hasta ahora desconocido de la mayoría de los salmantinos. Es el sistema de convertir en útiles, edificios de difícil conservación por resultar desfasado su uso aún prescindiendo de problemas económicos. Eso sí, la adaptación posterior a su consolidación debe contar con técnicos y empresas que conozcan el valor del edificio y el mejor modo de hacerlo útil para el fin propuesto, sin menoscabo de sus peculiares caracteres ni de las necesidades en función del destino final.

Creo que en la llamada Torre de Abrantes se ha realizado una buena labor conservando lo conservable, respetando lo intocable y creando, allí donde los espacios nuevos e incluso los antiguos lo permitían en favor del nuevo destino.

Se suma así esta obra a las recientes realizadas en las Casas de Maldonado y Solís, en el histórico Recodo de San Benito, donde la Universidad ha establecido nuevos servicios en edificios del siglo XVI, a los que se suma esta mansión del siglo anterior.